domingo, 21 de marzo de 2010

Mi primera visita

La agenda de Cristina no tuvo desperdicio el jueves pasado. A las 4:15 ya estaba arriba y poco después llegando en coche al Aeropuerto de El Altet, en Elche. A las 7 despegó el avión, y tras ver salir el sol cruzando el Mediterráneo y la nieve de Los Alpes, se encontró con su hermano al filo de las 10 de la mañana en el pequeño aeropuerto de Maastricht. Tras una parada técnica, los dos regresaron a la estación para coger el siguiente tren con rumbo a Bélgica. Maastricht-Visé, Visé-Lieja, Lieja-Gante y Gante-Brujas, muchos trayectos de tren en un solo día. Pero al menos eran viajes tranquilos, no en vano podían leerse en los vagones advertencias en valón (casi francés) y flamenco (casi holandés) como "la música amansa a las fieras, sobre todo si el volumen de tu mp3 es suficientemente íntimo" o "no todo el mundo tiene ganas de descubrir que llamas 'conejito mío' a tu novia, así que sé discreto con el móvil". Les quedaron tres horas para visitar Gante, que tiene un centro histórico coqueto dominado por un imponente castillo del siglo XII. Y para beber cerveza y comer chocolate, ya que cada sitio tiene lo suyo. El hotel en Brujas estaba menos céntrico y tenía menos estrellas de lo anunciado en la web, pero el colchón de matrimonio era grande y, una vez que convenció a su hermano de lo relajante que es lavarse los pies antes de irse a la cama, ambos durmieron confortable y reparadoramente.

Quien haya estado allí sabe que Brujas es una ciudad sencillamente adorable, llena de rincones con encanto, y también inundada de turistas por todas partes. Las partes más bonitas de la ciudad pueden recorrerse a pie desde la estación, aunque también hay autobuses para turistas y carruajes de caballos casi en cada calle. Sin embargo, a Cristina le apeteció más dar un paseo en bote por el río. Y de este modo aprendió algo sobre la ciudad a través del guía, que explicaba y gastaba bromas en valón e inglés, además de recitar mecánicamente en español sin atreverse a introducir comentarios espontáneos ni a traducir ninguna de las bromas. Desde el río aparecían los tejados escalonados típicamente belgas, las iglesias góticas y parte de los más de 300 bares para tomar algo que hay en Brujas. Más cerveza y más chocolate, ponte tú en la foto que yo ya he salido en muchas y a las 6 de la tarde, de vuelta a Maastricht.

Cuando uno llega a Holanda y quiere salir por la noche, no tener medio de transporte puede suponer un impedimento. Pero como todos los problemas tienen solución, Cristina viajó por Maastricht sentada en la parte trasera de una bici el viernes, y así recorrió el centro histórico con su iluminación nocturna, asistió a una de las primeras fiestas Erasmus de su vida y conoció por fin a Brad, Brandon y Anthony, de los que tanto había oído hablar por Skype. E incluso consiguió entenderse con ellos entre los ruidos del bar.

A la mañana siguiente, todos asistieron a una lujosa exposición de arte que se había organizado en la ciudad para atraer clientes internacionales, gracias a unas invitaciones que consiguió Brandon. El evento tenía lugar en el MECC, el salón de congresos en el que se firmó el Tratado de Maastricht de 1992, y allí permanecieron hasta que a las 4, sumamente hambrientos a la par que espantados por los precios de la comida en el recinto, Jose y ella volvieron a casa a cocinarse unas patatas fritas para comer. A las 6:30 habían llegado los demás al piso y tenían hambre, así que volvieron a cocinar una segunda tanda para cenar e irse al cine. Anthony había propuesto Shutter Island, por ser una película dirigida por Scorsese. En los cines holandeses, parte de las películas se proyectan en versión original con subtítulos en holandés, de ahí que los norteamericanos eligieran la película y que, unos más y otros menos, todos se enteraran del argumento. Una vez que volvieron a casa en bici y tratando de que la lluvia los mojara lo menos posible, no fue fácil para Cristina enterarse de todo en la conversación del salón. Pero se las arregló para hablar con ellos, gastó algunas bromas y jugó con los demás a la consola. Brad, que sigue viviendo con los horarios de su pueblo natal, siguió despierto hasta cerca de las 5 de la mañana, contándoles que quiere ser probador de videojuegos y trabajar en la sede que Microsoft tiene en New York. Discutieron algunas diferencias de hábitos entre USA y España, encontraron sus respectivas casas a través de Google y Brad se despidió sabiendo que ya tiene dos personas que lo recibirán bien si viene a España.

4 comentarios:

  1. Que alegría dan las visitas jejeje. Oye, ¿a tí no te gustó más Gante que Brujas? No se, es que Brujas (que por supuesto es preciosa) la ví un poco Disneylandia de lo que es el tópico de "Europa". No se, me quedo con Gante y la gente haciendo botelleos a lo país bajo al lado del río jejeje.

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  2. Y con los perros y las guitarricas, di que sí, jeje. Gante me pareció más acogedora, desde luego, pero fuera del centro es una ciudad bastante gris. Y una pena que el castillo estuviera ya cerrado cuando llegamos...

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  3. A mí me gustó más Brujas (Brugge?), pero para gustos los colores!

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  4. Sí, a casi todo el mundo le gusta más Brugge. Quizá el encanto de Gent es, de hecho, que está menos colonizada por los turistas. O Gand, según en qué parte del país te encuentres. Menudo follón de idiomas tienen montao aquí...

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