lunes, 14 de junio de 2010

Conclusiones: la gente


Bueno, parece que ésta sí va a ser la última entrada de este blog... Al menos desde Holanda, porque no descarto volverme nostálgico y escribiros en España acerca de algunas costumbres curiosas de esta gente, los cuentos escatológicos para niños en Holanda y Alemania, las peculiaridades del sistema electoral en Bélgica...

Como última entrada, no tenía dudas acerca de cuál debía ser el tema: la gente que conocí aquí. Después de 4 meses y dos días aquí, me voy con la sensación de haber venido a una ciudad cómoda y encantadora para vivir, con una deliciosa mezcla de ajetreo social en el centro y vida tranquila y saludable en los alrededores. Todo muy apropiado para pasarlo bien, pero falta el ingrediente principal: la compañía. Por suerte, eso también me esperaba cuando llegué aquí. Y son ellos los que han hecho de este período uno de los más enriquecedores en mis casi 25 años de vida (tampoco son tantos aún). Y son ellos, a fin de cuentas, los que me llevarían a recomendar esta experiencia a cualquiera que me pregunte en persona o que localice accidentalmente este modesto testimonio escrito...

Ya he ido escribiendo bastante acerca de la mayoría de gente que me ha dejado huella aquí. No están todos los que son, pero sí que son todos los que están. Y hoy tengo demasiadas cosas en la cabeza para seguir contándoos chorradas, al fin y al cabo... Así que, como epílogo momentáneo de este blog, os dejo el montaje que hizo Caroline, otra canadiense, hace unos días.

Sed felices.

http://www.youtube.com/watch?v=aKWhrK-NAh0

miércoles, 9 de junio de 2010

Conclusiones: el inglés

Como ya le queda poquito a esta experiencia, y no sé si tendrá mucho sentido seguir escribiendo sobre ella una vez que ya esté en Murcia para contársela a mi gente en primera persona, es hora de ir concluyendo asuntos. Es imposible anticipar cómo iré de tiempo para escribir más entradas durante estos días, pero sospecho que no muy bien. Ante esta coyuntura, pensé que lo más divertido sería recopilar algunas situaciones curiosas que dejen patente que esto de aprender un idioma es algo arriesgado en ocasiones...

Desde que llegué aquí, y dado que no tengo una especial facilidad para los idiomas, he desarrollado una habilidad hasta ahora inexplorada: leer en la cara de los demás cuándo acabo de decir algo sumamente inapropiado. Mi fluidez oral era en un principio casi nula, lo que convertía cada conversación en un evento sumamente estresante y aumentaba exponencialmente las posibilidades de meter la pata. Ahora ya han desaparecido esos complejos, e incluso hay momentos (no tantos como yo quisiera) en los que llego a disfrutar de los diálogos tanto como en mi propia lengua. Con lo verde que estaba hace cuatro meses, bien me doy por satisfecho con lo que he conseguido..., por ahora.

EJEMPLO: la primera vez que Wolf subió a visitarme al despacho y le invité a que tomara asiento.
Lo que yo dije: la idea era take a seat, please, pero al hacer más sonora la ese, lo que se oyó fue take a shit, please.
Traducción: vete a cagar, por favor.
Expresión correcta: para evitar este tipo de situaciones embarazosas, ellos suelen utilizar have a seat, please.

A fuerza de practicar y de ir curándome de espanto, he ido dejando atrás esos problemas. Ha habido algunos efectos secundarios curiosos, como cuando me fui a Sicilia con los muchachos y, quizá por no hablar una sola palabra de mi lengua materna durante el día, Anthony tuvo la sorprendente experiencia de despertarse en mitad de la noche porque el tío que dormía en su habitación estaba murmurando en español mientras soñaba. Ahora mismo, los jaleos suelen venir sólo cuando no entiendo lo que me quieren decir. Por ejemplo, esta noche me han presentado a una chica que me ha dicho "I'm from Norway", pero al principio yo no he entendido que fuera noruega, sino que me estaba vacilando ("I'm from no way", no soy de ninguna parte).
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Los otros no nativos también han tenido sus momentos de gloria por estas tierras. Está mi compañera de piso Julie, a la que quiero casi como a una hermana, pero que en su primera conversación conmigo me dejó convencido de que no tenía ninguna posibilidad con ella al hablarme de su girlfriend. Fijaos hasta qué punto llega a veces el estrés conversacional.

EJEMPLO: Elena, en su segunda semana, nos intentaba explicar que su hermana melliza y ella se quieren muchísimo, pero que no se parecen físicamente en absoluto.
Lo que Elena dijo: Mi sister doesn't like me.
Traducción: A mi hermana no le gusto.
Expresión correcta: My sister doesn't look like me.

También está Santhosh, el chico hindú que vivía con Anthony, y al que veré esta semana para desempatar nuestra ya célebre contienda de ajedrez (no sé para qué, porque es bastante mejor que yo, a pesar del 1-1 actual). A él le da más vergüenza cometer errores y, cuando hemos ido un par de veces a cenar curry a su casa, utilizaba frases cortas y con un vocabulario muy restringido. Pero no dejaba de resultar gracioso, porque el chaval suena exactamente igual - doy fe - que Apu cuando saluda a Homer Simpson en el Badulake.
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Finalmente, también ha sido una experiencia contemplar los progresos lingüísticos de mis visitantes. Todos, incluso mi madre con su lenguaje corporal superlativo, han dado lo mejor de sí mismos para comunicarse con los de aquí. Pero le dedicaré este último ejemplo a Paco, mi último invitado, del cual no he hablado nada. Tiene 32 años, pero fue muy fácil integrarlo en la rutina del finde y, lejos de ponerme en un compromiso al confirmarme su llegada 24 horas antes, se convirtió en un plus durante los dos días que estuvo con nosotros. Un detalle sobre la clase de persona que es Paco viene dado por nuestra visita a la biblioteca el domingo por la mañana para tocar un rato el piano. Allí había un alemán tocando canciones hermosas y melancólicas con los ojos entornados; diez minutos después, Paco lo había amaestrado para hacer sonar una canción de los Hombres G y otra "popular española" a la que Paco le incorporó la letra correspondiente de "la cabra, la cabra, la p*** de la cabra...". El alemán, que no hablaba nada de español, comenzó a sudar y a tragar saliva antes de que Paco y yo termináramos la performance.

EJEMPLO: Ahmet y yo estamos tirados en el césped después de comer y Paco viene a saludarnos con un típico "¿cómo estáis, tíos?"
Lo que Paco dijo: How are you, gays?
Traducción: ¿cómo estáis, maricones?
Expresión correcta: How are you, guys?

Como diría Enjuto, no saquéis conclusiones precipitadas...

miércoles, 2 de junio de 2010

Un pequeño homenaje

Ésta es una semana de despedidas: Anthony ya se ha marchado y, de aquí al finde, Brad y Simon también nos dirán adiós (o hasta la próxima). Eso y, sobre todo, las urgencias de trabajo típicas de los últimos días, hacen que no encuentre la tranquilidad suficiente para escribir. Así que hoy dejo un vídeo que en realidad también es una despedida: la del protagonista de un entrañable anuncio de los años 90. ¿Os acordáis?

http://www.youtube.com/watch?v=KqLq--gFoDc

viernes, 28 de mayo de 2010

Como sea verdad...

Ya está cerca el regreso, la tierra tira mucho y la gente más. Y para colmo, parece que a alguno de nuestros políticos se le ha ocurrido apostar por un medio de transporte urbano sostenible, mucho más razonable que la actual estampida de coches a todas horas y en todas las grandes avenidas. Aún no me queda claro por dónde circularán los que se animen/nos animemos a usarlo, pero ni qué decir tiene que me entusiasma la idea...

http://www.laverdad.es/murcia/v/20100528/murcia/tenga-bici-leasing-20100528.html

miércoles, 26 de mayo de 2010

Interacciones

Hace unos días me encontré un plan curioso al volver de la universidad: entrenar para las Olimpiadas de la Cerveza. Ocho equipos, ocho países y sólo un premio. Caroline, Anthony, Brandon y Simon habían formado el Team Canada, y como les hacía falta un quinto participante, habían fichado a su vecino Brad para la causa. De modo que, organizados y con mentalidad ganadora, buscaron un lugar tranquilo al aire libre para aprovechar el buen tiempo y que el plan no fuera totalmente insano. Una vez que se les acabaron los 40 botellines, lo único que quedó claro es que Simon y Brad no eran los más apropiados para las pruebas de fondo (las de beber mucho). Mientras tanto, se había hecho de noche y a alguien se le ocurrió encender un fuego. Ya nos queda menos de una semana para estar todos juntos, así que las hogueras nocturnas se han convertido en plan estrella, cuando el tiempo acompaña, para reunirnos y desvariar un rato.

Yo he tenido otra invitada este finde y, como mi periplo aquí va tocando a su fin, voy haciendo balance de esta experiencia de recibir gente y enseñarles, en la medida de lo posible, cómo es mi vida por aquí. Siempre intenté trazar un plan cuando se avecinaba alguna visita, pero luego hay imprevistos, sobre todo cuando se juntan los de allí con los de aquí. Y creo que, precisamente, son las interacciones entre unos y otros lo que me ha parecido más divertido: Brad hablándole a mi hermana mayor de hemorroides, y otro día pidiéndome perdón por olvidarse la bolsita de marihuana encima de la mesa donde mi hermana pequeña estaba a punto de sentarse a desayunar; Brandon probándonos corbatas para la fiesta del museo y gastando bromitas en inglés hasta que Paco se volvía y me preguntaba: "oye, ¿este tío me está vacilando?"; y Simon marujeando con mi madre en su español latino o mirándome inquisitivamente hasta que yo le respondía "ésta está soltera, ésta no, a ésta, ni mirarla..." A veces me ha costado un poquito convencer a los visitantes para que perdieran el miedo y se soltaran a hablar. Otras, en cambio, ha sido de lo más sencillo...

Merche vino a visitarme poco después de pasar varios meses en el Reino Unido, con la suficiente frescura de idioma y de carácter como para que no tuviera que animarla a hablar. Nada más llegar conoció a Simon, a quien le sorprendió gratamente oirla hablar en inglés desde el primer momento, tanto que se dedicó a reñirnos durante el resto del fin de semana cuando nos oía hablar en español. Y luego a los demás, que la invitaron a unirse a la hoguera nocturna. Además de la ya típica visita por el centro, y gracias a la bici que Julie me había prestado, fui con ella a visitar los túneles subterráneos de la ciudad, en parte naturales y en parte excavados en roca durante la Segunda Guerra Mundial. Y, como llegó justo a tiempo, pudo asistir a las Olimpiadas de la Cerveza: darle de beber con los ojos vendados a un compañero, beberse un jarrón de litro y medio en 15 minutos... Canadá quedó solamente cuarta, si lo sé no me aprendo el himno, pero los chicos lucharon con bravura, casi como los españoles del próximo mundial. ¿Ganaremos esta vez? Y puestos a pensar en el futuro próximo, ¿seguirá Merche dispuesta a hablar conmigo en inglés cuando vuelva a España y ya no esté rodeado de guiris simpáticos? Si lees esto, contéstame a una de las dos preguntas, la que quieras...

miércoles, 19 de mayo de 2010

Franz van der Horst

Una mañana se celebraba en mi planta (que es la de Medicina General) la cátedra de una profesora. Loose me animó a pasarme por la sala del café y probar alguno de los pasteles que la homenajeada había traido para todos. Y yo, por curiosidad, decidí acercarme. La sala del café es pequeña y sin sillas, así que la gente se apoyaba donde podía para manejar mejor las escurridizas cucharas de plástico. Sólo había un hueco junto a un señor mayor con un aspecto algo estrafalario. Estaba hablando con unas chicas jóvenes, pero al poco de llegar yo se quedó sin conversación y se giró hacia mí con una sonrisa franca, casi intimidatoria para venir de un completo desconocido. "Así que vienes de España, ¿eh? Ahh, tierra de conquistadores, muchos pueblos y ciudades en Holanda celebran su fiesta coincidiendo con la independencia de los españoles". Llevaba el pelo y el bigote más largos de lo habitual en alguien de su edad, y ambos completamente blancos. "¿Sólo llevas dos semanas aquí? Mira, yo tengo una reunión esta mañana en un pueblo bonito que no queda lejos de aquí, ¿por qué no vienes conmigo y así vas viendo cosas de este país?" Mi inglés balbuceante y la sorpresa del momento me llevaron a aceptar tímidamente su propuesta. De vuelta en el despacho 3.14, le pedí referencias a Loose sobre el tipo. "Es un easy-going, de los pocos que se atreve a fumar en su despacho, a pesar de que está terminantemente prohibido y de que es diabético. Pero también trabaja con estudiantes que vienen de países en guerra y a veces los aloja en su casa. Tiene buen fondo, puedes confiar en él". Y así fue como conocí a Franz.

Sólo he compartido plan con él dos veces. Aquel día fue la primera, y pude comprobar cómo sus 66 años no le pesaban en absoluto para darme cháchara en inglés mientras conducía su furgoneta hippie. El pueblo no tenía nada que visitar, o si lo tenía yo me lo perdí mientras asistía a una reunión en holandés con un médico. A la salida me preguntaba para qué demonios me había invitado Franz a una charla en holandés, y también me preguntaba cuándo pararíamos a comer. Pero Franz no tenía problema en dar buena cuenta de su sandwich mientras conducía por la autovía, y sólo paramos para que se tomara un café y se fumara un purito.

Algún tiempo más tarde, apareció en mi despacho a las 5:30 de la tarde para invitarme a cenar en su casa y conocer a su familia. Yo ya tenía planes, así que lo aplazamos para el día siguiente. Y a esa misma hora, nos dirigimos a su casa, cuya terraza se ve desde la puerta de la facultad. En el salón había un piano y un arpa, porque la mujer con la que ahora está casado Franz, 30 años menor que él y bastante agradable en conjunto, es arpista y enseña música. Tienen juntos un niño de 10 años, aunque Franz tuvo antes otros cuatro retoños que me fue presentando en una foto familiar: "mira, este es mi hijo, que está estudiando en Canadá. Esta de aquí es mi hija, la lesbiana, y esta es su novia. Se casaron en Holanda, aquí era legal el matrimonio homosexual antes que en tu país". Afortunadamente, se nos hicieron casi las 7 de la tarde para cenar. En la sobremesa, Franz se disculpó por haber estado algo silencioso antes de la cena, mientras su mujer cocinaba el arroz moreno y los dos estábamos solos en el salón. "Me había dado lo del azúcar, intenté disimular para que no te asustaras"...

Esta mañana me he tropezado con él en la máquina de café. Llevábamos dos semanas sin hablar y me ha hecho un gesto que significaba que hoy el café se tomaba en su despacho. No hacía falta, ya tengo confianza con él para ello. Mientras se desperezaba con las botas subidas en su mesa de trabajo patológicamente desordenada, le he contado lo bien que lo pasó mi familia (él quería venir conmigo a recogerlos al aeropuerto, pero yo me imaginé la cara de mi padre y le dije que no hacía falta) y me ha regalado una tesis doctoral en inglés, además de invitarme a la defensa, que tendrá lugar mañana. "¿Pero en qué idioma, Franz?". Holandés, por supuesto, Franz es un bienhechor despistado, se lo agradezco de veras, porque es una de las dos personas a las que sé que puedo visitar simplemente para hablar un rato en este edificio de gente siempre demasiado ocupada. La otra es la secretaria de mi departamento, que hace honor a su nombre (Marga, pero se pronuncia "mahja"), y que a sus sesenta años está aprendiendo español y tiene a Pepín Liria como cabeza de cartel de una corrida de toros en su despacho, uno de los más transitados (no soy aficionado, pero me hace gracia el detalle en semejante contexto). Uno me obliga a aprender palabras en inglés como "bolsa de valores", "reducción salarial", "huelga" y "funcionario" para hablarle de mi país, mientras que la otra me pide ayuda de vez en cuando con sus redacciones en español. Y yo hago el esfuerzo encantado con ambos, mientras los escudriño y me pregunto cuál es la receta para llegar a viejos con una mente tan joven y entusiasta.

domingo, 16 de mayo de 2010

Mirando atrás antes de seguir adelante

Creo que esto está dejando de ser un diario para convertirse en unas memorias. Pero el caso es que últimamente es complicado sacar tiempo para todo, y eso incluye dedicar un ratito a este blog. Estos días he pasado menos horas en la uni, pero a cambio he estado trabajando también en casa. También es cierto que queda poco para volver (4 semanas), así que me estoy poniendo las pilas para que cuando vuelva esto parezca una estancia de doctorado y no unas vacaciones pagadas. Eso implica decir que no de vez en cuando a algunos planes. La gente me mira raro, los tenía mal acostumbrados...

Esta semana ha sido un tanto gris por varios motivos. En primer lugar, el tiempo: sólo dos días de sol en tooooda la semana. Una pena, porque hemos tenido puente el jueves y el viernes y, con más calorcito y menos trabajo atrasado, habría sido una buena oportunidad para hacer planes interesantes. Pero para eso hace falta gente, y la mayoría han emigrado estos días: Julie se ha ido a Bélgica como cada fin de semana, Elena se ha ido a Suiza con sus compañeros de trabajo y el resto de las chicas se han ido a Sicilia animadas por las fotos y anécdotas que trajimos nosotros y, sobre todo, por los precios ridículamente baratos de los vuelos. En cuanto a los chicos, Ahmet está en Alemania. Hasta aquí los viajes medianamente lógicos, ahora viene lo original: Simon y Brandon se encuentran inmersos en una competición de auto-stop que tiene Ginebra (Suiza) como meta. Cada uno iba emparejado con una chica y, por lo que sé, Simon ha llegado ya y no ha tenido mayores incidentes. De Brandon no sabemos nada, le cogí prestada la guitarra en su ausencia, pero espero fervientemente que venga a recogerla..., pronto. Así que nos hemos quedado Anthony, Brad y yo por aquí. A los tres nos viene bien ahorrar dinero y, además, ya nos tocó viaje el finde anterior. El primo de Anthony, Peter, vino unos días y se fueron los tres a Brujas. Yo me habría apuntado, pero estaba aquí mi familia y ya tenía la agenda repleta...

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Era la primera vez que Esther salía de viaje fuera de España. 15 años es una edad buena para empezar, eres lo bastante joven para que aún te lo paguen todo tus padres, pero lo bastante adulta para que no te tengan que contar dónde estuviste unos años más tarde. Así que el viernes por la noche aterrizó con sus padres en Maastricht después de montar por primera vez en avión, y allí los esperaban Jose y el coche que habían alquilado para los tres días siguientes. Hablando por Skype el día anterior, Esther le había dicho a Jose que tenía ganas de ver varios países y de practicar inglés con sus amigos...

Lo de los países distintos se cumplió a rajatabla. Con un coche alquilado y el tiempo suficiente, pasar de una frontera a otra en esta parte de Europa no tiene mayor misterio. El sábado a Esther no paraban de llegarle mensajes al móvil avisando continuamente de cambios de compañía. El destino de ese día era Aachen (Alemania), donde los esperaba Wolf para enseñarles amablemente la ciudad. Y pacientemente, porque cada frase que decía en inglés tenía que ser traducida al español por Jose con más voluntad que precisión (pero con la tranquilidad absoluta de que nadie tenía el nivel suficiente en ambos idiomas para advertir las tergiversaciones). La mamá de Jose y Esther hacía lo que podía hablándole a Wolf despacito y gesticulando mucho, mientras este último miraba a Jose de reojo suplicando una traducción que sólo llegaba de vez en cuando. Esther no se atrevió a hablar demasiado, pero era capaz de entender la mayoría de los diálogos en la lengua de Shakespeare. Por la tarde fueron al Drilandenpunt (punto de las tres tierras, quizá), donde se juntan las fronteras de Alemania (por Aachen), Holanda (por Vaals, cerca de Maastricht) y Bélgica (a las afueras de Lieja). Ése sería el orden del viaje.

En cuanto a lo de practicar idiomas, el domingo fue el día fuerte. El plan era pasear por Maastricht, y Simon y Brandon se ofrecieron como guías improvisados para llevarlos a la noria donde aún se molía el grano, las numerosas estatuas con diferentes historias asociadas (algunas más que dudosas) y el resto de edificios emblemáticos (ayuntamiento, basílica de San Gervasio, alguna otra iglesia y la muralla, principalmente). Mientras los padres de Jose disfrutaban de la conversación con Simon, que estaba exprimiendo al máximo el fruto de sus cuatro meses en México, Esther se iba acostumbrando al acento de Brandon, quien tuvo incluso tiempo de enseñarle alguna palabra en japonés. Esther aún tuvo tiempo de ir a la feria, montar en bicicleta en Holanda y probar el chocolate antes de pasar la velada en el concurrido piso de su hermano. Y al día siguiente a Liège, donde a falta de practicar el francés (lengua odiosa para ella), siguió haciendo fotos, probando el chocolate y, para bajarlo, subiendo las 433 escaleras que conducen a Les Terrasses, desde donde se contempla una bonita vista panorámica de la ciudad.

jueves, 29 de abril de 2010

Diario culinario de la semana



LUNES:
- Comida: después de la visita de mis amigos, estaba demasiado cansado como para prepararme nada ingenioso. Menos mal que a Elena le sobró arroz y me ha dejado un tupper en mi leja del frigorífico. Incluso le ha puesto maíz antes de irse esta mañana a una hora intempestiva al trabajo, qué atenta. Hace dos semanas que no como con las estudiantes de 6º de Medicina General, así que hoy toca. Son una buena compañía, sin duda, y además es casi el único contacto que tengo con gente joven holandesa por aquí.

- Cena: Amanda, la novia de Brad, está pasando aquí unos días. Es de familia surcoreana, así que nos ha cocinado arroz con algo muy rico por encima cuyos ingredientes se apañó para encontrar durante el día. [Debería haberle preguntado cómo se llamaba aquello, pero ya es tarde, se marchó hoy jueves].

MARTES
- Comida: nada menos que 7 miembros del Departament of Methodology and Statistics cumplieron años durante el mes de abril, así que hoy han organizado una comida para celebrarlo conjuntamente. La comida es en la planta baja de la facultad, no vaya a ser que a la gente luego le dé pereza volver en coche al trabajo (o en bici, más bien). Yo soy rarillo para esto de los piscolabis, y además las 12 de la mañana sigue pareciéndome una hora indecente para comer, así que me preocupo más por buscar corrillos de gente hablando en inglés que por llenar el buche. Al final ha sobrado mucha comida y, como soy de los pocos que ha ayudado a recoger y les he contado que esta noche cocino yo y tengo invitados, me vuelvo al despacho bien provisto de delicatessen de esas que en condiciones normales yo jamás tendría en casa.

- Cena: el sábado, entre cerveza y cerveza, le pregunté a Brad si quería que cocinara algo para que Amanda lo probase antes de marcharse. No se lo pensó: croquetas. Y allí estaba yo la noche antes, desmenuzando el pollo mientras la abuela de Brad me daba conversación. Porque en efecto, además de Amanda, también ha estado de visita aquí su abuela. Cuando la conocí el pasado finde, me dijo "puedes llamarme Grandma". Así que, como a mí ya no me quedan grandmas, pues voy haciendo añicos el pollo hervido mientras trato de entender a esta señora que me cuenta que es una republicana de toda la vida, que le gusta ver fútbol americano y béisbol por la tele y que, cuando salieron a comer el primer día por aquí, le pidió a su nieto que los llevara a un McDonald's. "¿Sabía que hay un cementerio americano no lejos de aquí, Grandma?" No, pero ahora sí lo sabe y está loca por visitarlo, en menudo lío acabo de meter a mi amigo Brad... Al día siguiente las croquetas son tan bien acogidas como en las dos ediciones anteriores. Es casi un alivio que Grandma West no haya venido, no sé si le habrían gustado, demasiado europeas.

MIÉRCOLES
- Comida: es casi la una de la tarde y Raymond tiene visita en el despacho. Hoy es una chica rusa a la que veo por segunda vez. El día anterior, nada más marcharse, Raymond se me acercó para comentarme que ella está mucho mejor de sus ataques psicóticos desde que ha salido de su país. Ah, pues me alegro por ella..., y por mí. También debe ayudar que la estén atiborrando a pastillas, porque siempre parece adormilada y está bastante gordita, efectos secundarios comunes cuando se consumen neurolépticos. El caso es que yo no puedo concentrarme en la lectura del magistral Handbook del 2009 que Wolf me ha cedido temporalmente y hace un día radiante ahí fuera, así que salgo a la calle un rato a disfrutar del sol y a sentarme en un banco a leer como un intelectual. Hoy sólo tengo plátanos para comer, así que de no ser por el libro quizá parecería más bien un indigente. Pero hay que hacer hueco para la noche...

- Cena: esta semana es el cumpleaños de Anthony, y como tiene jardín en la parte trasera de su casa, ha organizado una barbacoa en condiciones. Hay cerca de 20 personas, prácticamente todos los estudiantes no holandeses que he conocido hasta ahora están aquí. Aylin y Ahmet me estaban esperando, porque traigo pollo para asar y, como turcos y musulmanes que son, habían preferido no probar nada de la carne que había ido saliendo hasta el momento. Es una celebración informal y todos hablamos con todos. A Anthony no le han hecho muchos regalos, aunque he visto la felicidad en su cara cuando Johannes, uno de los alemanes, le ha entregado el suyo: un porro del tamaño de un bolígrafo. La mayoría de la gente, eso sí, aguanta hasta las 12 (¡aguanta!) para cantarle el cumpleaños feliz al anfitrión.

JUEVES: no sé si comida, merienda o cena, pero el caso es que Sophia y otras tres amigas a las que no conocía, suecas como ella, han organizado una degustación de pancakes en el gran parque que hay en el centro de Maastricht. Son dulces y están deliciosos, y además hace un tiempo estupendo y mañana es el Queen's Birthday, por lo que han organizado una fiesta desde las 4 de la tarde en este mismo recinto. Después de una pachanga de fútbol con más nacionalidades que en muchos equipos de nuestra Liga, me retiro pronto para hacer los preparativos del finde. Me voy a perder el fiestón de Amsterdam mañana, espero que Sicilia valga la pena. Pero sobre todo, espero que esta vez nos vayamos de verdad.

lunes, 26 de abril de 2010

Haciendo memoria

El desayuno del lunes es uno de los momentos duros de la semana, aquí y en todas partes. Haya salido mucho o poco durante el finde, siempre me cuesta tirar del cuerpo más que otros días. Y al mismo tiempo, me siento con ganas de reflexionar y de hacer algún propósito a corto plazo. Una vez que limpio la mesa y aparto un spaguetti que se había mimetizado con una de las patas, me siento a dar buena cuenta de mis cereales. Ya sólo me quedan 7 semanas aquí. En la silla junto a la mía hay colgadas unas camisas aún húmedas, y en el resto del salón quedan algunos restos más de la cena de anoche, y algunas botellas que alguien trajo el sábado a las cuatro de la mañana, pero que tuvimos el suficiente sentido común de no abrir. Llevo tiempo sin escribir en el blog, ¿qué he estado haciendo últimamente? Simplemente, he estado pasándolo bien...

..., con los de aquí. Hace una semana, frustrado nuestro viaje a Sicilia, decidimos buscar otras alternativas de ocio por los alrededores de Maastricht. Si el tiempo es bueno y tienes bici y gente maja a la que unirte, entonces no hace falta mucho más para pasarlo bien en esta ciudad. Así que uno de estos días fuimos a visitar pueblecito llamado Valkenburg, con su castillo y, por pura coincidencia, su vuelta ciclista para aficionados. En el retorno localizamos un cementerio de la Segunda Guerra Mundial donde yacían miles de soldados estadounidenses. Estaba cerrado, pero nos colamos saltando un seto, unos con más arte que otros. Según la estimación de Brandon, recorrimos 40 kilómetros a lo largo de todo el día, así que el plan nocturno fue demasiado tranqui incluso para mí.

..., con Julie. El pasado lunes, mi compi belga celebraba que había pasado el mal trago de hacer su primera presentación en inglés. Sólo estábamos Elena y yo, pero nos las arreglamos para acabar con toda la cerveza belga que había traido o comprado en el súper esa tarde. El jueves había una charla sobre cómo realizar el trabajo de Fin de Máster en la Universidad de Lieja, así que nos fuimos los dos p' allá y, ya de paso, cenamos y salimos después con sus amigos. Era la primera vez que salía por Bélgica y con belgas, y me dio la sensación de que son bastante más parecidos a los españoles que a los holandeses: prefieren el coche para ir de un sitio a otro, sus discotecas cierran igual de tarde que las nuestras y se manejan de aquella manera con los idiomas. Yo tuve que hablar más francés que en toda mi vida, pero hice el esfuerzo gustoso porque todos eran encantadores (y encantadoras) y me brindaron una de las noches más originales desde que llegué aquí. Julie y yo dormimos en casa de una de sus amigas y me dejé allí la camiseta. ¿Olvido selectivo?

..., y con mis amigos de España. Este último finde vinieron a hacer turismo Lucía, Paco y Bea. El viernes llegamos al piso a las once de la noche, pero allí nos estaban esperando casi 10 personas ansiosas por conocerlos. "¿Paco? ¿Paco de Lucía?" Brandon había traido su guitarra y, ya que yo no puedo deleitarle mucho con mi repertorio de flamenco, probó suerte con el nuevo invitado. El sábado los de aquí se fueron a visitar los campos de tulipanes y nosotros pasamos cinco horas en Amsterdam, que por la noche había una cocktail party de esas a las que la gente asiste arreglada. Mala cosa, porque yo no traje camisas para no tener que plancharlas, me llevé los zapatos de vuelta en Semana Santa y a Paco lo avisé muy tarde y andaba igual de escaso que yo. Pero Brandon tenía cuatro camisas, siete corbatas y las mejores intenciones de que fuéramos lo más apropiados posible. "Siento no poder dejarle nada a las chicas, pero son las dos muy guapas y van a ir elegantes con cualquier ropa que hayan traido". La noche fue muy divertida, nos acostamos a las 5 de la mañana y al día siguiente nos levantamos a mediodía por pura gana de pasear por Maastricht. Y el tiempo, una vez más, acompañaba. Elena, aunque lleva aquí mucho menos que yo, conoce la ciudad bastante mejor, así que ella nos fue guiando por el centro a visitar los edificios antiguos, la iglesia reconvertida en librería, la imagen de la patrona de la ciudad y, después de comer a una hora intempestiva para los holandeses, a sentarnos un ratito en el césped mientras se hacía la hora de irnos a la estación. Creo que los tres lo pasaron bien, pero quizá fue algo más emotivo para Lucía, que estuvo en otra parte de Holanda hace unos años y adora muchas cosas de este país. No es la única.

viernes, 16 de abril de 2010

Practicando idiomas. Hoy: inglés de barrio

El volcán Eyjafjalla eligió este siglo y esta semana para llenar de cenizas el cielo en media Europa, así que nos hemos quedado compuestos y sin viaje por ahora. Me he concedido el día libre y no hay planes hasta las 9 así que, mientras se me pasa el mal humor, creo que es un buen momento para repasar algunas expresiones que me han ido enseñando por aquí a lo largo de estos dos meses.

- I rub your back, you rub mine.
Es parecido al "hoy por ti, mañana por mí", pero creo que con un sentido más inmediato. Esta semana salimos de cañas, yo pagué una ronda y al ir a por la siguiente, Brad me estaba esperando sonriente con el botellín en la mano: "no problem, man, I rub your back, you rub mine".

- Wing-man.
Ésta es más difícil de explicar. Creo que apareció cuando algunos pilotos de la las fuerzas aéreas norteamericanas salían de marcha y uno localizaba a una chica guapa en el bar de turno. Entonces, el apuesto y gallardo (o no) oficial le pedía a los amigotes que le facilitaran la tarea, contándole a la muchacha maravillas sobre su pretendiente y, si fuera necesario, cortejando a las amigas no tan agraciadas para permitir a la elegida centrarse en el asunto. Resumiendo, yo lo traduciría como "allanar el camino" en el ámbito amoroso. Así que si estás en un pub y quieres pedirle apoyo logístico a un colega, puedes preguntarle "hey, buddy, can you wing-man me?". Esta curiosa palabreja llegó a mi vida cuando Brandon y yo nos íbamos a Leiden y, como Simon tenía buenas perspectivas allí, Brandon me dijo que teníamos que "wing-man him".

- Yeah, sure.
Parece simple, pero según el país angloparlante en el que estés, este "sí, claro" podría tener un fuerte tono irónico. Cuando llevaba un par de semanas aquí y algunos habían venido a cenar, Simon me preguntó si estaba a gusto con mis nuevos amigos y yo le respondí "yeah, sure". En efecto, Canadá y USA pertenecen a la zona del retintín, así que todos empezaron a reirse y, hasta que decidieron explicarme el motivo muchos días más tarde, yo no supe por qué.

miércoles, 14 de abril de 2010

Un día cualquiera en abril

Me levanto alrededor de las 9:30. Raramente consigo hacerlo antes, pero no está tan mal porque ayer me acosté a las 3 de mañana. Claro, uno viene aquí con el objetivo de practicar inglés, conoces a unos norteamericanos majetes y aceptar los planes que te proponen se convierte en algo casi tan importante (y sin casi) como asistir a reuniones de trabajo. ¿Y qué culpa tengo yo si anoche tuve que seguirlos hasta la barra de un bar para practicar idiomas? Los becarios somos unos mandaos, así que yo me dejo llevar por esta dulce corriente...

Y a la hora habitual, de nuevo me encamino a la universidad. La primavera también ha llegado a Maastricht, aunque al sol radiante lo contrarresta un viento "fresquito" que realmente no adviertes hasta que estás en la calle y ya es tarde para volver a subir los tres pisos de escaleras. Hay unos obreros estos días y algunas chicas guapas pasan en bicicleta frente a ellos. Sin recelos. Sin temor alguno. Y la siguiente escena es de un silencio absoluto, sólo desafiado por algunas rumiantes que están hoy revoltosas. Resulta que entre la universidad, el gimnasio y las dos escuelas primarias llenas de niños de todas las edades, hay nada menos que un redil lleno de ovejitas. Así es mi camino diario a la universidad.

Mientras llego, voy decidiendo con quién voy a comer hoy. Podría ir con Wolf y sus secuaces, la semana pasada comimos juntos un día y pasamos un rato bastante animado. O también puedo intentarlo con las chicas holandesas de 6º de medicina, hoy hace buen tiempo y es menos probable que se queden bebiéndose un tazón de sopa delante del ordenador. Aunque al final me decanto por Andreia y Margarida, las chicas portuguesas. A diferencia de los demás, ellas comen alrededor de las 13:30 y no tengo la sensación de que me hagan un favor hablando en inglés conmigo, porque son muy sociables y les encanta contar cosas de su país a quien haga falta. Además, mis compañeras de piso suelen unirse a la comitiva. Hoy no estará Julie, que aún no ha vuelto de su semana sabática en Bélgica. Julie nunca entra en este blog (algunos de los otros protagonistas sí, cosas de la barra traductora de Google), así que tengo intimidad para decir que la he echado de menos y que estoy deseoso de que vuelva y me cuente qué tal ha pasado estos días.

Hoy sólo está en el despacho Reymond. Como si me estuviera esperando, se levanta con una agilidad insospechada a su edad y me pregunta severamente: "José, ¿estás contento con tu vida?" No me gustaría tener a Reymond como profesor, siempre acaparando más protagonismo del que le corresponde cuando sus entusiastas alumnos vienen con gesto de apuro a las tutorías; sin embargo, como compañero ocasional de despacho me parece un tío interesante. Y creo que es una pregunta elegante, más apropiada que el clásico "¿eres feliz?" al que nunca sé muy bien qué responder, porque la felicidad se me antoja efímera y difícilmente factible como meta en sí. Pero sí, la verdad es que sí estoy contento con mi vida actual. Reymond asiente y sonríe radiante como el sol que entra por nuestra ventana. Más tarde, me comenta que mañana va a volver a traer a media Yihad al despacho y que espera que eso no suponga una gran molestia para mí. ¿De 9 a 10:30? No, no va a ser un problema. De hecho, espero llegar a tiempo de verles, son tíos francamente agradables y les admiro sinceramente por el visible esfuerzo que hacen cada día para adaptarse a un país y un idioma muy lejanos para ellos.

Y finalmente vuelvo a casa, a eso de las 18:30. Ceno con Brandon y Elena y hoy decido quedarme descansando, poniéndome al día por Skype y terminando cosas de trabajo que no podré avanzar este fin de semana. Así podré saludar a Julie cuando vuelva. Y claro, también tengo que reservar fuerzas para Sicilia...

domingo, 11 de abril de 2010

Cosas que quiero ser de mayor

Ya he vuelto al trabajo por aquí. Las cosas van bastante bien por ahora, afortunadamente. Wolf se ha puesto muy contento con los últimos resultados que hemos encontrado y cada vez me llevo mejor con él. Y cuando vuelva a Murcia, confío en que, trabajando y con esfuerzo, las cosas sigan saliendo bien. Lo que pasa es que el mundo de la universidad es altamente inestable: uno nunca sabe qué pasará el día de mañana, así que siempre hay que tener lista alguna alternativa. Yo he estado pensando arduamente sobre esto durante la semana y he decidido que, si tuviera que cambiar de trabajo, me gustaría ser...

JEQUE ÁRABE
El miércoles estoy con Raymond en el despacho. Está trabajando con un chico de Afganistán que ha venido unos meses con una beca especial. Al rato llega otro muchacho de Arabia Saudí para entregarle formalmente la invitación de su boda, garantizándole que será una celebración típicamente árabe y, desde luego, lujosa. Yo le echo un vistazo al individuo: tendrá unos 20 años, viste como yo y tiene el mismo aire despreocupado de cualquier chico occidental. Raymond le dice en seguida que soy español, porque a él (a casi todo el mundo, realmente) le gusta España. "Sí, he estado en tu país un par de veces, y este sábado volveré a ver el Clásico".
P.D.: el chaval era más del Madrid que yo, así que me acordé tristemente de él mientras mis amigos me daban el pésame al final del partido.
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Vale, he estado revisando mis propiedades y no tengo ningún pozo de petróleo. A ver qué tal esta otra...

JUGADOR DE FÚTBOL EN UNA LIGA NORTEAMERICANA
El sábado por la tarde Anthony sube a decirme que está jugando con Brad y Brandon al fútbol y que les falta uno para jugar un 2x2. Ahora que me doy cuenta, vivimos frente a un parque con una parte de césped suficientemente amplia como para jugar una pachanga. Y cuando bajo allí están los dos sin camiseta y dándole toques al balón lo mejor que saben. Hacemos las porterías y a jugar. Y 10 minutos después, con 5-1 en el marcador, Brad se tira al césped impotente: "no puedo más, mañana echamos otra, pero el español y el italiano no pueden ir juntos nunca más".
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Ahora estoy leyendo que Raúl y Guti se van tal vez a jugar allí. A mí me quedarían 10 años para retirarme y, además, cualquier español que me encuentre será probablemente mucho mejor jugador que yo. Sigamos rastreando...

OKUPA HOLANDÉS
El viernes por la noche voy con los otros cuatro del clan a una fábrica abandonada en la que viven 15 personas. En Holanda hay un mecanismo para legalizar esta situación a cambio de aportar algún servicio a la comunidad. Y según me van contando, estos tíos organizan cenas vegetarianas todos los lunes cobrando sólo "la voluntad" y otros días, como hoy, colaboran para que jóvenes bandas holandesas vengan a tocar. Hay cientos de personas con ganas de pasarlo bien, tercios de cerveza a un euro y alguno de los grupos suena interesante. Este domingo hemos ido también a una exposición de arte de la que nos habían hablado y que tiene lugar en este mismo recinto.
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La exposición ha sido bastante cutre y, ante todo, he descubierto con zozobra que mi alergia al polvo me dejaría sólo unos meses de vida en este lugar. Buff, qué difícil es esto de escoger una vocación...

PORTERO DE UN COFFEE SHOP
El jueves por la noche, después de despedirnos de Elena, que se va de viaje el viernes, los cinco vamos a un coffee shop que está junto al río. Bueno, explicaré mejor esto: el coffee shop es un barco, el mismo que trae a bordo las sustancias alucinógenas que tan injustamente se han adueñado del estereotipo holandés. El portero controla que seamos todos mayores de 18 (ó 21, no estoy seguro) y, al mirar mi DNI, me dice "buenas noches, amigo, yo hablo español" con un acento cuanto menos pintoresco. Simon es el primero en irse y, como hemos puesto las dos bicis con mi candado, salgo a acompañarle. Oigo que me dicen adiós y, cuando le respondo que vuelvo en seguida, él contesta "gracias". Pasan menos de 5 minutos y, para mi sorpresa, compruebo que no se acuerda de mí y me vuelve a pedir el DNI. Al verlo me repite que él habla español. Ocho horas al día fumando marihuana, ¿acaso puede haber un trabajo mejor? Así es como Brandon justifica que este trabajo mola.
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Bueno, y si nada de esto funcionase, entonces, sin lugar a dudas, quiero ser como Franz van der Hoorst. Os hablaría de él, pero se merece una entrada para él solito y hay que dejar algo para después. Además, a Brad le acaban de traer su pizza y si no me doy prisa me quedaré sin probarla. ¡Hasta la próxima!

miércoles, 7 de abril de 2010

Segunda parte

A las 9 de la noche del domingo 4 de abril, ya estaba de vuelta en Maastricht. España estuvo maravillosa, como siempre: muchos reencuentros en pocos días, buen tiempo e incluso el primer baño de la temporada con el agua a 10º. Así que, además de la alergia primaveral típicamente española y todas las cosas que no pude evitar que mi mamá metiera en la maleta, me he traido un buen resfriado como recuerdo de la visita. Mañana es fiesta aquí, pero me enteré tarde y sólo he podido ver de lejos alguna de las barracas de las Fiestas de Primavera, mientras los últimos nazarenos paseaban de vuelta a casa disfrutando de los 25º y de un sol que calienta de verdad. Y Maastricht me ha recibido..., con lluvia. Y con una nueva compañera de piso, según me cuentan por el móvil mientras negocio el precio con el taxista turco que me va a llevar a casa.

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Cuando Elena llegó el sábado por la mañana a su nuevo piso, ninguno de los tres restantes inquilinos estaba allí para darle la bienvenida. Pero sí que encontró a Andreia y Margarida, las portuguesas, que habían pasado allí la noche con familia y amigos de su país por cortesía de Julie. "Hola, Elena. No, nosotras no vivimos aquí, pero somos compañeras de trabajo de una chica que vive en este piso y nos dejó la llave mientras nos acondicionan nuestra nueva vivienda. Ah, ¿eres española? No, no sabemos dónde queda Huesca - y menos aún Monegros -, pero uno de tus compañeros es Jose, de Murcia". A Elena esto último no le afecta demasiado, porque finalmente ha cumplido su sueño de salir fuera por un tiempo y ahora, ante todo, quiere mejorar su nivel de inglés a toda costa. De modo que, cuando el tal Jose llega y se conocen, ambos comienzan pronto a hablar en inglés, usando el español sólo lo imprescindible casi desde el primer día, y compensando la falta de fluidez típica de las primeras semanas con una admirable perseverancia. El domingo por la noche también llega Julie, después de pasar el fin de semana en el piso que comparte con su novio en Bélgica. Julie está muy contenta con su nueva compañera, las dos tienen un carácter afable y entusiasta y se hacen amigas rápidamente. Además, ahora que habla por primera vez en inglés con una recién llegada, Julie se da cuenta de lo mucho que ha mejorado su nivel de conversación durante estas semanas. Así que, consciente de los momentos difíciles por los que atraviesa su nueva amiga española, esa noche y durante el día siguiente procura ayudarla sin agobiarla demasiado, hablando con ella despacito durante esa noche y todo el día siguiente. Porque, como Julie bien sabe, es fácil que los no angloparlantes te entiendan si les hablas despacio y separando bien las frases. Y entonces llega Brad.

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Brad volvió de Alemania el lunes por la noche. "Hey, Jousé, ¿qué tal estuvo España? Anthony y yo nos acordamos de ti estos días, allí los bares no cierran hasta que no sale todo el mundo, el sábado tenía sed y era tan tarde que pedí un botellín de agua mineral". Anthony y él eligieron ir a Alemania en lugar de acompañar a Caroline a Italia. Ella sabía que Brad quería visitar el Coliseo, así que le ha dedicado una creativa foto tratando de representarlo lo mejor posible frente a las míticas ruinas romanas. Como a los demás, a Brad también le encantan las novedades. "Hola, Elena, me alegra que hayas venido a vivir con nosotros. No es sólo porque seas bonita, sino también porque finalmente me quedo tranquilo sabiendo que el tío de Kenia ya se fue". Elena no ha entendido casi nada en esta primera descarga de inglés comprimido (el de verdad), así que se limita a sonreir, asentir con la cabeza y decir "thank you", que eso casi siempre funciona. Pobrecita, ni siquiera conoce la historia del tío de Kenia. Yo oí hablar de él cuando aún estábamos Brad y yo solos en el piso y un día quise saber de quién era el café de la cocina, dado que ninguno de los dos tomamos café en el piso. "Es un tío negro, tiene 39 años y es un palmo más alto que nosotros. Habla un inglés raro y tiene una forma de ser extraña. No se despidió de mí la última vez que lo vi, así que a lo mejor vuelve a su habitación, enfrente de la tuya. Jousé, yo que tú cerraría con llave por las noches". Luego me sonríe, just kidding...

lunes, 29 de marzo de 2010

Punto y aparte

El lunes 15 de febrero, voy por segunda vez al supermercado. En el mejor de los casos, las etiquetas están en inglés, así que voy escudriñándolas sin prisa para no equivocarme como me pasó el sábado, cuando compré harina para cocinar bizcocho en el horno (y no tenemos horno) y un falso jamón serrano que resultó ser bacon del malo. Hacer la compra es una tarea demandante para mí, tanto que choco de bruces con dos tipos en uno de los pasillos. Pero ellos me sonríen, y rápidamente reconozco a Simon y Brandon, que tienen la suficiente paciencia para hablarme despacito y explicarme que vienen a comer a casa. Una vez allí, mientras estamos cocinando, los dos me cuentan algunas cosas sobre ellos, repitiéndome gentilmente cuando les hago gestos de no haber comprendido: tienen 23 y 20 años, y los dos viven independientes. ¿Y tú? Eres un estudiante de doctorado y estás cobrando una beca, también vives independiente, ¿no? Ehmm, puess..., sí, claro que sí.

Y el tiempo va pasando. Ahora es sábado, 27 de marzo, y estoy haciendo mi maleta durante la mañana para volver a casa por Semana Santa. Me llevo de vuelta algunos juegos de ordenador y series en CD que me traje para no aburrirme tanto durante mi aislamiento. Y resulta que apenas he tenido tiempo para estas cosas. Brandon llega al piso con su guitarra española y, cuando le cuento que me voy para unos días, me pone morritos. "¿Es que me vas a echar de menos?". "Claro - me contesta -, Simon y yo ya te echamos de menos cuando nos fuimos a Suiza unos días después de conocerte". Luego, cuando hablo con mi hermana por Skype, dice justamente lo contrario mientras me da pataditas por debajo de la mesa. Es extraño, Brandon nunca me ha preguntado por qué, si mi hermana y yo ya no vivimos con mis padres, siempre aparecen todos en la pantalla cuando hablamos por Skype...

El sábado hace un día estupendo, y cuando aquí llega el finde y luce el sol, es casi un pecado no salir a la calle. Así que cuando Anthony llega y Brad resucita, salimos a la calle a seguir conociendo Maastricht, esta vez a pie. Esta ciudad definitivamente se merece un espacio en el blog, así que trataré de sacar tiempo estos días en España para escribir un poquito sobre ella. Al final acabamos en una chocolatería holandesa. Además de que los chocolates aquí son deliciosos, el proceso de preparación es muy original: una vez elegida la variedad de chocolate, se sirve sólido junto a una taza de leche al punto de ebullición, de forma que el cliente puede ver cómo se va derritiendo. El proceso de espera es casi una tortura para los amantes del chocolate como yo, pero una gran ventaja es que se pueden comprar estos "terrones" y degustarlos en cualquier otro lugar. Así que yo elijo 5 variedades distintas. "¿Por qué cinco?" "Somos cinco en casa", contesto yo escuetamente. Y nadie se muestra extrañado, sólo yo. "Ok, chicos, quiero contaros algo". Es un mal trago, pero se lo debo a ellos y a mí mismo. Brad es el primero en mencionar la palabra clave: "¿nos mentiste entonces?" Risas generales, it's okay, man, y yo me quedo más tranquilo. Al día siguiente estamos reservando los vuelos para Sicilia durante el mes de abril y descubren que el nombre de mi DNI no coincide con mi nombre en Facebook. Brad se echa a reir: "nooo, Jouséé, please, no more lies!!"

Y ahora, lunes 29, estoy a puntito de irme a casa. No voy a poder ver ni a la mitad de la gente que me gustaría, pero realmente tengo muchas ganas de volver. Necesito planificar el trabajo para los dos meses y medio que me quedan aquí, ya que la última semana he llegado a una especie de callejón sin salida. También quiero darme el primer baño en la playa, y hablar en español hasta hartarme, despojándome del aspecto de tipo reservado y algo taciturno del último mes y medio. Pero, sinceramente, creo que 6 días serán suficientes para echar un poquito de menos esta ciudad, y especialmente a estos cuatro norteamericanos que, casi desde el principio, decidieron que el idioma no es tan importante para afianzar una amistad.

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Cómo estás hoy?

Me están preguntando a mí, si no no hablarían en inglés. Es miércoles por la mañana y acabo al llegar al despacho donde estudio y trabajo. Respiro hondo y miro a mi interlocutor: no es Loose, mi hermana mayor de la uni, cuyo nombre por fin he aprendido a escribir correctamente; tampoco es Roelf, un tipo algo extraño a quien creo que no le gusto mucho porque estudio temas alejados de la medicina y, además, ya no puede decir que él es el último que se marcha del despacho; no es Ramon (él lo escribe así), siempre serio y elegante, pero también cordial y sonriente conmigo... No, hoy sólo está Raymond, un holandés con la piel morena después de pasar un mes en Bali bajo algún pretexto profesional. Hoy es la tercera vez que lo veo, pero me cae bien este tipo que me cuenta batallitas y me ofrece libros de medicina en holandés con la mejor de las sonrisas. Así que, sonriéndole también, le contesto con franqueza: "realmente hoy no me encuentro muy bien, Raymond, pero no te preocupes, es porque anoche salí y sólo he dormido tres horas, dejemos que el café vaya haciendo su efecto". Porque hoy, por primera vez, le he pedido a la máquina de café del personal (¡gratuita!) un café de hombres, negro del todo. Después llega otro profesor y Raymond, siempre sonriente y pausado, me susurra que tenga cuidado con él, que tiene un "carácter impredecible". No capto la idea hasta que el recién incorporado grita súbitamente detrás de mi oreja algo así como "¡¡¡¡oh, cuánto silencio, es imposible trabajar así!!!!", seguido de las carcajadas de los dos holandeses mientras yo vuelvo a aterrizar en mi sillón. Bueno, entre el café y estos chavales, ya estoy totalmente despejado. Chavales de espíritu, porque ninguno de los dos cumple ya los sesenta.

- ¿Cómo te ha ido el día?
Ya estoy en casa y ahora es Brad el que habla conmigo. Él se ha levantado a las tres de la tarde, algo que ya ha dejado de extrañarme. En esta universidad hay pocas clases presenciales y mucho trabajo por cuenta propia, así que Brad está dando rienda suelta a su lado dormilón. Ayer sí que tuvo clases, y llegó cuando el profesor ya había comenzado la lección. Sus 39 compañeros son holandeses, así que cuando el docente lo vio entrar se limitó a hacer una mueca de resignación antes de cambiar el idioma de su discurso. "Algunos me miran mal, pero no es culpa mía, no puedo aprender holandés en tan poco tiempo". En realidad, a Brad no le atrae el holandés, simplemente vino aquí porque había un programa de intercambio con su universidad. Sólo le interesan el japonés, por los videojuegos, y el español, porque le gusta y además lo estudió durante cinco años en el instituto con resultados poco alentadores. A veces me mira con toda la seriedad de sus 22 años y me dice: "Jousé, yo quiero mejorar mi español contigo". Tiene ese acento fuerte y algo chistoso tan propio de los yankees, y conoce más expresiones mexicanas que españolas, pero él se divierte practicando y yo lo paso bien vocalizando de un modo impropiamente pulcro como murciano que soy y, por qué no admitirlo, sintiéndome con la sartén por el mango por unos instantes.

- ¿Qué hay, tío?
Brandon y Simon aparecen por el piso. Anoche no se apuntaron y les cuento que volvimos a ir al pub de las fiestas Erasmus y que Andreia y Margarida, las dos compañeras portuguesas de Julie, volvieron a salir con nosotros. Había unos españoles anoche en el pub. Me gusta oír hablar en español por aquí, pero ya no siento el impulso de acercarme a ellos y hablarles. Brandon ha traído en su portátil la película Vicky Christina Barcelona. A todos les encanta esa película. "Si volviera a nacer - dice Brandon - creo que me gustaría llamarme Juan Antonio".

domingo, 21 de marzo de 2010

Mi primera visita

La agenda de Cristina no tuvo desperdicio el jueves pasado. A las 4:15 ya estaba arriba y poco después llegando en coche al Aeropuerto de El Altet, en Elche. A las 7 despegó el avión, y tras ver salir el sol cruzando el Mediterráneo y la nieve de Los Alpes, se encontró con su hermano al filo de las 10 de la mañana en el pequeño aeropuerto de Maastricht. Tras una parada técnica, los dos regresaron a la estación para coger el siguiente tren con rumbo a Bélgica. Maastricht-Visé, Visé-Lieja, Lieja-Gante y Gante-Brujas, muchos trayectos de tren en un solo día. Pero al menos eran viajes tranquilos, no en vano podían leerse en los vagones advertencias en valón (casi francés) y flamenco (casi holandés) como "la música amansa a las fieras, sobre todo si el volumen de tu mp3 es suficientemente íntimo" o "no todo el mundo tiene ganas de descubrir que llamas 'conejito mío' a tu novia, así que sé discreto con el móvil". Les quedaron tres horas para visitar Gante, que tiene un centro histórico coqueto dominado por un imponente castillo del siglo XII. Y para beber cerveza y comer chocolate, ya que cada sitio tiene lo suyo. El hotel en Brujas estaba menos céntrico y tenía menos estrellas de lo anunciado en la web, pero el colchón de matrimonio era grande y, una vez que convenció a su hermano de lo relajante que es lavarse los pies antes de irse a la cama, ambos durmieron confortable y reparadoramente.

Quien haya estado allí sabe que Brujas es una ciudad sencillamente adorable, llena de rincones con encanto, y también inundada de turistas por todas partes. Las partes más bonitas de la ciudad pueden recorrerse a pie desde la estación, aunque también hay autobuses para turistas y carruajes de caballos casi en cada calle. Sin embargo, a Cristina le apeteció más dar un paseo en bote por el río. Y de este modo aprendió algo sobre la ciudad a través del guía, que explicaba y gastaba bromas en valón e inglés, además de recitar mecánicamente en español sin atreverse a introducir comentarios espontáneos ni a traducir ninguna de las bromas. Desde el río aparecían los tejados escalonados típicamente belgas, las iglesias góticas y parte de los más de 300 bares para tomar algo que hay en Brujas. Más cerveza y más chocolate, ponte tú en la foto que yo ya he salido en muchas y a las 6 de la tarde, de vuelta a Maastricht.

Cuando uno llega a Holanda y quiere salir por la noche, no tener medio de transporte puede suponer un impedimento. Pero como todos los problemas tienen solución, Cristina viajó por Maastricht sentada en la parte trasera de una bici el viernes, y así recorrió el centro histórico con su iluminación nocturna, asistió a una de las primeras fiestas Erasmus de su vida y conoció por fin a Brad, Brandon y Anthony, de los que tanto había oído hablar por Skype. E incluso consiguió entenderse con ellos entre los ruidos del bar.

A la mañana siguiente, todos asistieron a una lujosa exposición de arte que se había organizado en la ciudad para atraer clientes internacionales, gracias a unas invitaciones que consiguió Brandon. El evento tenía lugar en el MECC, el salón de congresos en el que se firmó el Tratado de Maastricht de 1992, y allí permanecieron hasta que a las 4, sumamente hambrientos a la par que espantados por los precios de la comida en el recinto, Jose y ella volvieron a casa a cocinarse unas patatas fritas para comer. A las 6:30 habían llegado los demás al piso y tenían hambre, así que volvieron a cocinar una segunda tanda para cenar e irse al cine. Anthony había propuesto Shutter Island, por ser una película dirigida por Scorsese. En los cines holandeses, parte de las películas se proyectan en versión original con subtítulos en holandés, de ahí que los norteamericanos eligieran la película y que, unos más y otros menos, todos se enteraran del argumento. Una vez que volvieron a casa en bici y tratando de que la lluvia los mojara lo menos posible, no fue fácil para Cristina enterarse de todo en la conversación del salón. Pero se las arregló para hablar con ellos, gastó algunas bromas y jugó con los demás a la consola. Brad, que sigue viviendo con los horarios de su pueblo natal, siguió despierto hasta cerca de las 5 de la mañana, contándoles que quiere ser probador de videojuegos y trabajar en la sede que Microsoft tiene en New York. Discutieron algunas diferencias de hábitos entre USA y España, encontraron sus respectivas casas a través de Google y Brad se despidió sabiendo que ya tiene dos personas que lo recibirán bien si viene a España.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Una iniciativa de la Universidad de Québec

Hoy iba a escribir, de veras que iba a hacerlo, jeje. Lo que pasa es que tengo un sueño tremendo y mañana madrugo para ir al aeropuerto y recoger a mi hermana, la primera que viene a visitarme. Otra vez será... Os dejo una curiosidad: Anthony me contó el otro día que en la Universidad de Québec graban cada año un vídeo en el que participan cientos de estudiantes. Aquí está el vídeo del año pasado.

http://www.youtube.com/watch?v=-zcOFN_VBVo

jueves, 11 de marzo de 2010

Un día cualquiera en marzo

Me levanto alrededor de las 9:30. Es un poco tarde para un día laborable, pero nadie va a notar mi ausencia hasta que me avisen para el lunch, y entonces ya llevaré despierto el tiempo suficiente como para comer por un simple mecanismo de imitación social. Además, anoche me fui a dormir tarde después de jugar con Brad a la consola y, por si fuera poco, me resulta casi imposible acostarme sin leer un poquito de La Catedral del Mar. Hacía tiempo que no estaba tan enganchado a un libro, quizá porque es una buena historia o simplemente porque está en español.

De modo que hacia las 10:20 me voy para la uni. El edificio donde trabajo está a menos de un kilómetro de casa, así que voy andando. Hay una escuela primaria a mitad de camino, así que me encuentro a los niños saliendo al recreo. El maestro trata de ponerlos en fila india, pero ellos van haciendo sus grupitos, y eso que tendrán unos 6 años nada más. Ríen a carcajadas, gritan y se gastan bromas entre ellos, porque los niños son niños en todas partes. Hace frío, quizá unos 5 grados, aunque casi no hay termómetros en la ciudad para comprobarlo. Pero al menos ha salido el sol y da gusto pasear por la calle.

Hoy me acompaña en el despacho Lusz (ojalá se escriba así). El tercer piso es el de Medicina General, pero me trajeron aquí porque no había espacios libres en el de Metodología y Estadística. Mis compañeros de sala son médicos cercanos a los 40 años que compaginan la práctica profesional con tareas de docencia e investigación, así que no vienen más de un par de días a la semana. De entre ellos, Lusz (Lucía en español) es la que más habla conmigo, y hoy me pregunta por el fin de semana y me mira con gesto de preocupación mientras yo le cuento mi aventura. Al rato vienen a visitarla un par de alumnas y yo las dejo hablando en su lengua. Cuando hay gente hablando mientras trabajo, me resulta menos molesto si hablan en un idioma que yo no entiendo en absoluto. Y ése es el caso (y lo va a seguir siendo) del holandés.

La hora de la comida es, paradójicamente, un momento estresante. A veces tengo suerte, y Jan, Daniel o Mark (belga, alemán y holandés, respectivamente) vienen con nosotros, y entonces la conversación es distendida entre los demás permitiéndome bromear un poco sin romper mucho el ritmo del diálogo. Pero hoy nos hemos quedado solos Wolf y yo, solos en el Lejano Oeste. Él es algo tímido y yo aún no lo conozco mucho y hoy no se me ocurren muchos temas de los que hablar donde, además, pueda manejarme en inglés; así que nos lanzamos miradas furtivas como dos pistoleros mientras almorzamos. Pero él termina su sandwich antes que yo, y entonces un matojo rodante pasa por nuestra mesa mientras yo mastico lo más rápido posible. Wolf se rinde y empieza a hacerme preguntas de todo tipo, tratando de arrancarme las palabras con el ahínco con el que un barbero le arranca las muelas a sus desdichados clientes. Finalmente llegamos a la facultad y se despide de mí con un suspiro de alivio. Pese al mal trago, mañana volverá a buscarme, y al otro, y al otro. Tengo que aprender inglés. Wolf se lo merece.

A las 18:30 salgo de la uni. La gente empieza a irse sobre las 5, pero en mi piso no pasan cosas divertidas a esas horas, así que me quedo trabajando en total tranquilidad un ratito más y así se hace la hora de preparar la cena. Además, a esa hora Julie ya ha vuelto de hacer sus experimentos del máster y así cocinamos y cenamos juntos. Julie es, de todas las personas con las que converso más o menos a menudo, la única que habla menos que yo. Pero no importa, siempre encuentro algo que contarle, ella me entiende con facilidad y los dos somos comprensivos con los errores del otro. Julie lleva 10 días menos que yo aquí y le cuesta bastante expresarse, sobre todo en temas de vocabulario. El otro día le hablé de Murcia y me sorprendió la cantidad de palabras que conocía sobre agricultura, aunque luego descubrí que es una freak del Farmville y dejó de parecerme extraño. Hoy me cuenta que el día que llegó no había nadie en el piso: "cuando hablé con mi novio y me preguntó que con quién vivía, mire los calzoncillos de Mario Bros de Brad y tu toalla marrón con ositos y le dije que seguramente con una parejita feliz". Bueno, no iba tan desencaminada...

Facebook en 1939

Se me ha hecho un poco tarde para escribir hoy, así que mañana será. Dejo aquí una perlita de internet que me hizo mucha gracia. Por cierto, no sé por qué demonios me sale esta letra de marica hoy. Si es que hasta el ordenador tiene sueño...

http://www.francescjosep.net/humor-original-la-segunda-guerra-mundial-en-facebook/


lunes, 8 de marzo de 2010

Un fan de Crímenes Imperfectos

Hoy viene en La Verdad una noticia interesante - además de bien escrita - sobre una investigación policial que hizo posible la detención de un homicida en Murcia. Por si os interesa...

http://www.laverdad.es/murcia/v/20100308/region/crimenes-imperfectos-20100308.html

domingo, 7 de marzo de 2010

Viaje a Leiden

Después de tres semanas aquí, ya iba siendo hora de salir a ver algo más. Llegamos a Leiden el viernes por la noche, y en la estación nos esperaban Laura y un viento gélido que ya no nos abandonaría en todo el fin de semana. Leiden es una ciudad más moderna que Maastricht, pero el casco antiguo no está mal, con calles empedradas y varios canales por los que fluye el agua del Mar del Norte. También tiene una antigua iglesia sabiamente reconvertida en cervecería, y seguramente muchas otras cosas interesantes que yo no tuve tiempo de visitar.

El sábado por la mañana fuimos a Den Haag (La Haya, la del tribunal de la ONU). Es una ciudad señorial y bastante turística, más de lo que yo esperaba. No os dejéis engañar por las fotos, hacía un frío de mil demonios. Eso sí, merece la pena pasear sin prisa por el centro, con grandes parques, dos palacios y muchas mansiones que bien podrían serlo; y si tenéis tiempo y os gusta, también tiene su encanto entrar a las galerías de pintura y fotografía en las que los precios oscilan entre 800 y 35000€. Brandon es un tipo vital, entusiasta y con ganas de llevarse de Europa muchos recuerdos en su diario y en su cámara de fotos, de la cual yo voy sacando algunas imágenes para ilustrar un poco el blog. Después de un extenso rastreo, había localizado a través de Google Earth unos búnkers de la Segunda Guerra Mundial en la playa de la ciudad, así que también nos acercamos allí.

A las 18h estábamos de vuelta en casa de Laura. Brandon y yo estábamos bastante cansados después de caminar todo el día y de ir los dos en una sola bici en el trayecto de la casa a la estación. Además, él tenía que terminar un trabajo, yo quería dormir en una cama esa noche y a Simon no le importaba que le dejáramos solo, así que decidimos coger el tren de las 10. Tuvimos que volver andando para coger el tren que nos llevara a Amsterdam. Cuando llegamos a la capital, el tren hacia Maastricht se retrasaba media hora por algún motivo que no entendimos, pero que nos permitió dar una vueltecita por la ciudad. El Barrio Rojo queda sospechosamente cerca de la estación, y aquel sábado a las 23h olía a marihuana por todas partes mientras las prostitutas bailaban en los escaparates y los caballeros se tropezaban unos con otros por la calle pidiéndose disculpas en todos los idiomas.

Debíamos llegar a Maastricht a la 1:30h, pero el tren se paró una hora antes en Eindhoven y nos hicieron bajar. Allí nos aguardaba una desagradable sorpresa: por problemas técnicos, no podíamos viajar a nuestro destino hasta las 6:30h. Brandon y yo nos lo tomamos con el mejor humor posible y, tras callejear un poco, acabamos en el Grand Café Centraal pidiendo chocolate para entrar un poco en calor. Es un sitio encantador para ir a tomar algo, y tiene un par de mesas algo apartadas donde puedes echar un sueñecito si has perdido el tren y tienes un compañero que se mantenga despierto. Si hasta tiene página web, jeje http://www.centraaleindhoven.nl/

El único lunar que le veo al sitio es lo de cerrar a las 3:15. La estación no abría hasta las 6:30, así que aún encontramos un kebab en el que guarecernos hasta las 4 y, desde entonces..., imaginación. Después de quedarnos un rato en un bulevar hasta que unos tipos raros aparecieron intentando vendernos una bici robada y preguntándonos cosas a las que no queríamos responder, acabamos a las 5 de la mañana en una terraza frente a la estación, sentados en un sillón de mimbre de dos plazas que afortunadamente el camarero se había olvidado de recoger aquella noche. Para entonces, yo llevaba puestos dos calcetines, dos pantalones, 3 camisetas y 3 jerseys, y le había dejado a Brandon otra sudadera que llevaba por casualidad conmigo. Espalda con espalda, se hicieron las 6:30, y después de esperar hasta las 8 por otro oportuno cambio de combinación, emprendimos el camino de regreso a casa con la eufórica sonrisa que se refleja en la última foto.

Cuando ya casi hemos llegado a nuestra calle, me pregunto a mí mismo en voz alta por qué simplemente no nos fuimos a un hotel a pasar la noche. Brandon opina que no habríamos encontrado nada, y de haberlo hecho habría sido realmente caro. Yo opino que, si lo hubiéramos hecho así, su diario y mi blog se habrían quedado un poco sosos este fin de semana. ¿Qué opináis vosotros?

jueves, 4 de marzo de 2010

Primeros planes de viaje

Este finde haré mi primera escapada. Me iré con Brandon, a quien ya os presenté, y con Simon, que aparece cargado de zanahorias en la foto 1. Hay decenas de ciudades interesantes que os sonarán y que están más o menos cerca de Maastricht, y nosotros hemos elegido... ¡Leiden! No, yo tampoco la conozco de nada, íbamos a ir a Bélgica, pero el sábado pasado ocurrió algo que cambió nuestros planes...

Brandon merece por sí solo una entrada aparte en este blog, y la tendrá a su debido tiempo. Por ahora, bastará con decir que tiene una amiga holandesa llamada Laura, muy maja ella, que nos visitó el pasado finde y con quien Simon, el dandy del grupo, conectó estupendamente mientras le enseñábamos en una mañana la ciudad; tanto que después, cuando nos juntamos más de 10 personas en una cena internacional con la excusa de despedirla, apenas se separaron hasta que a ella se le hizo la hora de marcharse. Laura - que no es la chica de la foto 1 - nos invitó a ir "algún fin de semana" a su ciudad, y la mirada suplicante de Simon durante los días posteriores hizo el resto. Así que, si todo va bien, pasaré mucho tiempo con Brandon estos días. Es un tío legal, a él también le gustaba Laura cuando la conoció, pero el resultado de su vehemente acercamiento debió ser comparable al de la foto 2 (con otra chica que tampoco es Laura).


Además de eso, tengo una nueva compañera de piso, Julie. Es bajita y tímida, llegó el lunes y no se atrevió a salir de su habitación hasta que, viendo que lo de hacer ruido en la cocina y con la lavadora para ver si salía no funcionaba, yo mismo entré a saludarla. Viene de la parte francófona de Bélgica, y no estaba habituada a hablar en inglés antes de venir aquí. Le gusta cocinar y es obsesivamente limpia con la cocina, lo cual es muy prometedor dadas las características de mi otro compañero. Y se va adaptando bien al piso, aunque ayer se retiró con dolor de cabeza mientras una ruidosa muchachada celebraba los 21 añitos de Brandon en nuestro salón, anexo a su cuarto.